Casa Giraldi, México DF, 1976.
Esta casa está considerada como su testamento arquitectónico. En ella destaca todo: el color, las texturas, la secuencia y disposición de los espacios, la luz del sol y sus reflejos en el agua, todo es notable.
Entrar en la casa por el umbral oscuro es casi una sesión mística. Al atravesar la puerta, entramos en un pasillo iluminado de forma oblicua por una luz amarilla tamizada por una serie de perforaciones verticales en el muro. Los cristales están pintados al óleo. Al abrir la puerta del fondo, un rayo de sol se dibuja sobre el muro azul y se difracta al tocar la superficie de la alberca. Sencillamente genial.
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