Este es el primer artículo de arquitectura para nuestro magazine, así que para escribirlo tenía a mi disposición todos los arquitectos de la historia, pero ¿con cuál empezar? Como la idea era hacerlo con un artista contemporáneo, decidimos que fuera Luis Barragán, un señor muy moderno, pero con un toque muy personal. Precisamente lo que nosotros intentamos hacer con nuestra ropa.
Por cierto, este artículo esta hecho por y para gente que no sabe demasiado de arquitectura, así que si os quedáis con ganas de algo más sesudo, al final va la bibliografía que hemos utilizado.
Luis Barragán nació en Guadalajara, México, en el año 1902. Toda su infancia la pasó en, la hacienda de Corrales, el rancho de su familia en Jalisco, hecho que será importante para el desarrollo posterior de su obra.
Ya desde pequeño se le veía al chaval una sensibilidad tremenda, aunque en vez de desarrollar esa vena artística, decidió cursar estudios de Arquitectura e Ingeniería Civil, muy del agrado de sus padres.
En la Universidad discutía con sus amigos sobre las revolucionarias ideas arquitectónicas que venían de Europa. Por aquella época, principios del SXX, en el viejo continente maestros como Mies, Gropius , Le Corbusier o la gente de Stijt, se comían la cabeza con la el racionalismo y la funcionalidad, dando como resultado en algunos casos, soluciones bastante poco funcionales. Y es que toda sus teorías resultan utópicas si tenemos en cuenta que querían hacer edificios perfectos para el hombre. Y éste , no nos engañemos, es cualquier cosa menos perfecto.
Así que cuando Barragán viaja a Europa al terminar la carrera, tiene la posibilidad de entrar en contacto con todo lo que se estaba cociendo por aquí. Pero, no será esto lo que marque su vida, sino la visita a la Alhambra y los libros de Ferdinand Bac. El mundo árabe y los pueblos del Norte de Africa serán para Barragán una auténtica revelación que le llevarán a buscar en su arquitectura un ambiente armónico que respete siempre la belleza del paisaje y despertarán en él un eterno amor por los jardines.
La obra de Barragán se aleja en gran medida de lo que en su momento se consideraba moderno . Frente a la universalidad racionalista, él buscará la riqueza en las raíces; así, además del mundo árabe, será el pueblo mejicano su gran inspiración. El pueblo en su sentido mas amplio. Por un lado, sus construcciones, de ellas tomará las formas cúbicas, los materias pobres y sobre todo, el color, siempre el color. Y por otro, el pueblo en un sentido humanista, un pueblo habitado por hombres y no por máquinas de medidas perfectas. Tal vez, Barragán con su búsqueda de recogimiento y reposo en sus edificios esta más cerca del hombre imperfecto que los sesudos racionalistas.
Su método de trabajo es más el de un pintor que el de un arquitecto. Consideraba que los edificios podían modificarse mientras los construía, igual que un pintor puede ir corrigiendo, borrando y dando luces a su pintura antes de terminarla. Así, aunque sus construcciones estuvieran pleno final del proceso, él se permitía modificarlas, quitaba o agregaba muros, ensanchaba sus espesores o reducía el claro de una ventana.
Como ya hemos comentado, el color será fundamental en sus trabajos. Tanto que los muros se pintaban cuando la obra estaba terminada y tras un profundo estudio de las posibles variaciones cromáticas a lo largo del día. Lo mejor es que, después de tomarse tanto trabajo, creía que las paredes estaban hechas para volverse a pintar. Es más, decía que cada dos años la obra entera se debería pintar de nuevo.
Bromas a parte, su profunda preocupación esteticista y sobre todo por el color, dio lugar a atmósferas tan mágicas como la piscina de la casa Giraldi. No la he visitado , pero en las fotografías parece tratarse de un cuadro precioso en el que además puedes tocar el agua con las manos...
Palabras como belleza, soledad, religión, tradición, misticismo o magia servirían para describir la obra de Barragán. A él le gustaba hablar de misterio y lo definía de forma muy gráfica: Creo que hay misterio cuando se ve la copa de un árbol detrás de un muro.
Cuando Luis Barragán recibió el premio Priztker de arquitectura en el año 1980, sus otorgantes hablaron de su arquitectura como un acto sublime de la imaginación poética. Podemos decir que sus construcciones son versos escritos a la vida, a la tradición y sobre todo, a la belleza, que por su intemporalidad, serán siempre modernos.
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