Toti Soler había formado parte de Picnic y de los progresivos Om antes de grabar éste, su segundo disco en solitario, en 1973. Conocido como El gat blanc más por la ilustración de la portada y por ser el título de una de sus canciones que por otra cosa, es un disco deslumbrante. A estas alturas de su carrera, Toti se había convencido de que toda música digna de ser escuchada debía fundarse sobre dos pilares: el flamenco y Miles Davis. El gat blanc obedece a esa visión (hay incluso una adaptación de In a silent way), pero trasciende todos los estilos de los que parte flamenco, jazz, música mediterránea, blues rock para llegar a algo completamente personal. Como guitarrista y compositor Toti es un ejemplo de elegancia y sobriedad a lo largo de todo el disco, y además de las influencias mencionadas hay también ecos de folk británico de la época (o eso me parece a mí) y de Taj Mahal, del cual Toti había sido telonero durante la etapa de Om.De este encuentro surgió Taj Mahal, incluida aquí, que viene a ser un homenaje al estilo del guitarrista americano. Puestos a destacar canciones, están Sardana flamenca, que abre el disco, y la propia El gat blanc, que la sigue: maravillas ambas, como también lo son Guisela, con esa pandereta tan estridente, o Estudi, una pieza corta de aires contemplativos que cierra el disco. Tan sólo desentona un poco Sevilla, un ejercicio de wah wah un tanto coyuntural. El gat blanc fue reeditado en CD junto con su predecesor, Liebeslied, y se encuentra fácilmente a precio de serie media.
Ibon Errazkin, mayo de 2001
Información obtenida de la Historia del nuevo flamenco de Luis Clemente, en la editorial Filigrana. |