Menos mal que nos queda Portugal
16/December, 2011 por Loreak Mendian

Inauguramos una especie de nueva sección, donde gente que conocemos nos habla de los lugares donde ha estado pasando algunos días o largas temporadas.
Empezamos con Ana y María (y la madre de ambas, Susana Arana), dos hermanas que nos cuentan cómo han sido los días que han pasado en la pequeña Lisboa.
Si tienes 3 días y no sabes qué hacer ni a dónde ir, te aconsejamos un viaje a Portugal, a Lisboa para ser más exactos, por varias razones, entre ellas que hay tren de noche y no hace falta coger avión, y eso siempre es muy agradable al menos para nosotras. Aquí comienza nuestro periplo:
Una vez que arribamos al país luso, os recomendamos alojaros en Baixa House, donde María nos trató con amor y nos explicó los pormenores de la ciudad, además de darnos mapas preciosos y un montón de tarjetas con direcciones interesantísimas.


Aquí os dejamos la dirección de su blog: Mi casa en Lisboa, donde explica con todo detalle lo que hay que saber y conocer de Lisboa y alguna cosa más.
En cuanto a los apartamentos, son bonitos y además de verdad, os dejamos algunas imágenes para que lo comprobéis vosotros mismos. Lo malo de eso, es que se te pueden quitar las ganas de salir de ellos. Desde aquí un abrazo a María y miles de gracias por su generosa hospitalidad.

Cuando echamos a andar, decidimos dirigirnos a Belem, y lo hicimos en un tranvía de madera monísimo. Para nosotras Belem= “Natas”, sí, sí, los del monasterios de los Jerónimos serán muy famosos y muy espectaculares, pero si hay algo que marca de esta zona son esos pequeños pastelitos de masa folhada (hojaldre) con crema. Simplemente exquisitos: un eshito.

De vuelta a casa, nos paramos en ese puente tan famoso llamado 25 de abril donde encontramos a un chamarilero realmente simpático con cosas interesantes que contar. Dando cuatro pasos y pasando el puente, pasamos del Lisboa decadente al moderno, al Brooklyn, sí, sí, un conjunto de naves industriales abandonadas ocupadas y convertidas en bares, tiendas, estudios de arquitectura, supermercados biológicos… muy interesante.

Ya en el centro de la ciudad, el cansancio hace mella y nuestras gargantas nos piden a gritos un vinho verde, así que hacemos caso a nuestro amigo Pessoa que nos invita a pasar a su bar preferido: La Brasireira, con una decoración preciosa.

Entre una cosa y otra se va haciendo hora de cenar y qué mejor que una antigua fábrica de cerveza donde probar el famoso bacalhau portugués. Cervejaria Trindade (rua Nova da Trindade, 20c) es este lugar bueno, bonito y barato.
A la mañana siguiente… ¡Sorpresa!, unos duendes nos dejan una bolsita de pan calentito y recién hecho en la puerta para desayunar. Por si fuera poco, en el frigorífico hay zumo, queso, yogur, cereales y demás manjares listos para llenarnos el cuerpo de alegría y energía.

Hoy toca día de museos e iglesias, éstas últimas, como dice mi hermana: “son gratis y tienen sillas para descansar”.
Visita imprescindible el Museo Mude: un antiguo banco reconvertido que ha respetado su forma y haciendo el itinerario, pasas por la caja fuerte hasta las salas de reuniones, muy curioso. Ojo con Fernando Brizio, ¡no os vaya a robar el corazón!

Más tarde fuimos al Castelo de Saõ Jorge, una cuesta muy empinada nos lleva a este lugar, gracias a Dios en el camino hay varias iglesias y miradores para poder descansar, aconsejable zapato cómodo y sobre todo sin tacón. Casi llegando, hay un mirador-restaurante (Chapitó), que es una especie de circo con muchísimo encanto y unas vistas fenomenales. De la comida no podemos decir mas que tenía una pinta fabulosa, ya que estaba a tope y nos quedamos con las ganas.

Intentando llegar a la iglesia de San Antonio (santo encargado de los amores) para ponerle unos “chines” a cambio de un novio, llegamos a casa, todo un milagro, ya que las 2 horas de subir se convirtieron en 5 minutos de bajada. Así que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, nos compramos unas cervecitas y nos subimos a casa a descansar, fuera zapatos ¡qué maravilla!
En cuanto acabamos de comer salimos escopeteadas a continuar nuestro periplo. No hay tiempo que perder en siestas, que a las cinco de la tarde ya es de noche. Subimos con el funicular de Bica hasta el Barrio Alto. El funicular por si mismo ya es una atracción digna de ver, según va ascendiendo se empieza a vislumbrar el Tajo detrás de los tejados de las casitas empinadas.

Una preciosidad. Una vez arriba, nos asomamos al Mirador de Santa Catarina, otra maravilla, se veía a los lugareños disfrutando del atardecer mientras tomaban sus cervecitas; pero nosotras sufridas turistas, sólo nos asomamos, de prisa, de prisa que se nos echa la noche encima.
El barrio alto y el Chiado, están llenos de tentaciones en forma de tiendas de todo tipo (nuestras favoritas las ferreterías y las droguerías), bares y cafés. Pero conseguimos llegar a la Iglesia de San Roque, que al igual que los Jerónimos, es de un estilo barroco portugués, muestra del esplendor económico que Portugal llegó a disfrutar en su época colonizadora.

Tras la paradinha reanudamos nuestra marcha asomándonos al Mirador de Saõ Pedro de Alcántara donde llega el funicular da Gloria, hasta la plaza del Príncipe Real, con sus árboles centenarios. Desde aquí se supone que las vistas son magníficas, pero la noche nos ganó la carrera. Así que total, relajamos la marcha con una cervecita en el Pavilhão Chinés. Un sititio increíble repleto de colecciones de lo más variopintas (desde soldaditos de plomo hasta negritos).
Y tras el avituallamiento, como locas de tiendas. Las más bonitas Vida Portuguesa, Vistalegre….

A Vida Portuguesa

A Vida Portuguesa

Vidalegre
Así llegamos a nuestro último día. A primera hora las compras de rigor: manteles, trapos de cocina y textil en general de algodón portugués. Las mejores, las tiendas de nuestra calle, dónde también venden la tela de los manteles por metros para las más manitas. Y ya si quieres seguir personalizando tu mantel, en las decenas de mercerías puedes encontrar todo tipo de hilos, volantes, tiras bordadas y qué se yo (como para pasarte la mañana). Entre mercería y mercería, la perfumería de Catalina te trasportará a otro tiempo.
Todavía nos queda cruzar el Tajo. Hay ferrys cada 20 minutos, y para mayor comodidad se paga con el mismo bonobús que el metro, el bus, el tranvía y el funicular, una gozada.

Una ciudad que merece la pena conocer desde luego, desde aquí os animamos a visitarla.
Adeus!







































Shop Online
Fall Winter 2011
Facebook Shops
Facebook Loreak Mendian
Twitter!